viernes, 10 de octubre de 2014

EL CASTAÑAR DEL EL TIEMBLO




A regates con un sinfín de prioridades con cara de exigente institutriz y mustia por una rutina que no me termina de llegar, me escapo a ratos, y creedme que no me resulta fácil, para poder traeros esta visita que tantas ganas tenía de recomendaros.

El año pasado no llegue a tiempo, pero en esta ocasión tengo el gustazo de inaugurar este nuevo otoño con una de las rutas más bonitas que he hecho.


EL CASTAÑAR DE EL TIEMBLO


Unas semanas después de recorrer el Hayedo de Montejo y de subir a lo alto del Monte Abantos, organizamos una visita a este peculiar bosque de castaños que se encuentra junto a El Tiemblo (Ávila), en la Reserva Natural Valle de Iruelas (Sierra de Gredos).

Elegimos el día apropiado. El pasado 9 de noviembre el día amaneció radiante. Frío, muy frío, pero libre de sombras y viento. Como siempre, en este tipo de excursiones, lo ideal es madrugar un poco para evitar posibles atascos, colas y, sobretodo, que la noche nos llegue antes de tiempo.

Una vez que llegamos a El Tiemblo, no fue difícil llegar al inicio del camino forestal que te lleva hasta el castañar donde tendrás dos opciones: aparcar el coche en un amplio aparcamiento y subir al castañar en unos autocares que habilitan, o bien, subir en coche y volver como si hubieras ganado el Paris-Dakar... En la época otoñal, con el fin de preservar el entorno y dada la gran afluencia de gente, el Ayuntamiento cobra una tasa por persona: 2€ (incluido el autobús) y, si prefieres subir con tú vehículo, además de los 2€ por persona, por coche o moto: 6€. Bicicletas: 3€.

Nosotros optamos por la subida en autobús y, desde luego, fue un acierto porque el camino forestal era toda una aventura. ¡¡Eso sí!!.. No olvides informarte de los horarios de bajada y estar antes de tiempo si no quieres quedarte en tierra.


http://viajarcastillayleon.es/senda-del-castanar.html


El área recreativa El Regajo, una zona con aparcamiento, algunas mesas y barbacoas, es donde te deja el autocar... A lo lejos un precioso puente de madera, casi extraído de un cuadro de Monet, marca el inicio de la ruta.





Superadas las tablas de la pasarela, nos recibe una soldadesca de esbeltos y solemnes castaños cargados de ocre, con una ligera neblina azulada, casi imperceptible para la cámara, enganchada a sus pies, y un débil sol que a duras penas se filtra entre sus hojas... La ruta, desde luego, promete ser espectacular.






Emprendemos el camino en paralelo al Arroyo del Castañar. Aunque es un lugar muy concurrido en esta época del año, los senderistas se van dispersando rápidamente y nos quedamos en una agradable soledad que nos permite disfrutar mucho más del lugar. El entusiasmo del grupo hace un rato que se nota en las caras y es que el sitio parece despertar alguna ilusión lejana, quizá la de revivir el pasaje de algún entrañable cuento.




Famoso este bosque por sus castaños centenarios, pronto nos encontramos con alguno. De ellos sólo parece quedar el vestigio de lo que pudo haber sido, pero a su alrededor, pegados a ellos, salen los vástagos que continúan dándole vida al compartir la misma raíz.




El camino prosigue sorteando otro pequeño puente que cruza el Arroyo del Castañar. A partir de ahí ya podemos empezar a hablar de "castañas". Quizá rapiñadas por el ansia de los paseantes, en la primera parte del recorrido casi no hay, pero apaciguada ya esa codicia inicial, en el siguiente tramo empiezas a encontrarte con multitud de ellas.






No vamos con la intención de recoger castañas, pero a un paso de las Navidades no podemos resistir la tentación de llevarnos algunas para usarlas en las compotas de fruta y para acompañar algunos guisos o, simplemente, asarlas. A estas alturas la ilusión se incrementa y andamos todos desperdigados entre los castaños con el espinazo doblado y emitiendo exclamaciones del tipo: "¡¡Mirad éstas que he cogido... que gordas!!". Desde luego es una ruta ideal para hacerla en familia. Su dificultad es baja y, como hemos podido ver, a los niños les encanta.





Con los bolsillos casi cargados de castañas y sin bajar la guardia ante la posible aparición de la "castaña perfecta", continuamos la marcha hasta llegar a un altiplano donde se encuentra el refugio de Majalavilla. Se trata de un pequeño y abovedado edificio de piedra que está algo "okupado" y ni intentamos acceder a él. Lo que no sabemos es que merece la pena entrar para ver las pinturas que cubren sus paredes... Nos queda pendiente para la próxima visita.

Proseguimos dejando atrás el refugio por un camino que desciende, de nuevo, en paralelo a otro riachuelo, el que atraviesa la Garganta de La Yedra. Ya casi es medio día y se empieza a notar la afluencia de excursionistas, pero un poco más adelante parece haber algo que los ensimisma, y sin saber que nos vamos a encontrar, nos damos de bruces con un cartel que nos dice:


"No subáis a mi... Soy muy viejo, centenario... quisiera vivir muchos años. Gracias... El Abuelo"


Si se puede sacar algo bueno de no llevar una excursión perfectamente preparada, son las sorpresas que te encuentras en el camino, y en esta ocasión, nos encontramos con uno de los árboles más longevos de España.

El Abuelo es el castaño más mimado de todo el bosque. Un cartel nos cuenta que roza los 600 años y que cuenta con unos 19 metros tanto de altura como de perímetro. Y, a pesar de haber sufrido los daños de alguna hoguera, varias ramas y los brotes que lo coronan le convierten en una auténtica leyenda. Sorprendidos no podemos evitar refugiarnos en su tronco hueco como ya lo hicieron, tiempo atrás, muchos pastores para protegerse de las inclemencias del tiempo.




Tras este grato encuentro, continuamos bajando. En esta ocasión nos salimos del camino y nos acercamos hasta el riachuelo donde, al regazo de su humedad, descubrimos una gran diversidad de setas mientras seguimos haciendo acopio de algunas castañas más.




Volvemos al camino. Justo en ese momento, con las sombras marcando el medio día, mi hermano saca una cuña de queso de la mochila. Aunque el picoteo de alguna que otra castaña ha saciado ligeramente nuestro apetito, podréis imaginar lo bien que hemos recibido ese queso y es que en el campo todo sabe a gloria. Lástima que no habíamos contado con llevar la comida porque a continuación llegamos a un calvero, una pradera en la Ladera de Garrido, donde muchos excursionistas ya se han instalado para disfrutar de un merecido tentempié.




Desde luego, con el día tan bueno que hacía, habría sido un acierto haber ido preparados y pasar un buen rato en la pradera, pero como no contábamos con ello, proseguimos para (sin prisa pero sin pausa) llegar a tiempo a subirnos a uno de los autocares, ya que nuestra idea inicial era la de comer en el propio pueblo de El Tiemblo.




A estas alturas la senda gira considerablemente hacia la izquierda reconociendo su condición de "ruta circular". Pero aún nos queda atravesar otra zona del bosque donde se encuentran los Gigantes de la fuente del Resecadal.

Aunque ninguno supera al Abuelo en edad, en esta parte del castañar nos encontramos con muchos castaños centenarios de precioso porte. Cuentan que posiblemente todos estos castaños fueron plantados por los romanos ya que para ellos eran una importante fuente de alimentación y otros defienden su carácter autóctono.





Nos apartamos al paso de algunos ciclistas y es que la ruta también es ideal para recorrerla en mountain-bike. Mientras, aprovechamos para hacernos algunas fotos con los ejemplares que más nos llaman la atención. Y así, disfrutando de éste último tramo, llegamos hasta la fuente de Los Cazueleros por la que ya habíamos pasado en la primera parte del camino, desde donde volvemos a atravesar la vereda de los castaños que nos habían recibido, para regresar al área recreativa de El Regajo.




Justo terminamos la excursión cuando más gente hay por lo que, si eres de los que prefieres hacer senderismo y disfrutar de la naturaleza con una cierta soledad, deberás madrugar un poco como hemos hecho nosotros o bien acudir al Castañar en otra época del año. En el resto de estaciones no se cobra entrada y también debe ser un espectáculo acudir a este bosque en primavera cuando los castaños están en flor; en verano cuando más frondosos y frescos están o, incluso en invierno, que podrás verlos dormidos, sin hojas e incluso nevados.




Ya en El Regajo acudimos al lugar donde nos dejó el autocar y donde, todos los que habíamos terminado la visita, formamos una cola fingiendo la existencia de una marquesina. La espera se hace un poco larga. Parece que el autocar sube con algo de retraso y la hilera de gente se va haciendo cada vez más larga, pero da igual... Hemos llegado a tiempo y nuestra plaza está asegurada.


Feliz otoño ;)


otrodiaperfecto12@gmail.com


-Dificultad: Baja. Hay tramos con subidas y bajadas, pero el recorrido no tiene ninguna dificultad.
-Longitud: Ruta circular de 4,3 km. Desde El Tiemblo 12 km.
-Duración: Unas dos horas, aunque con las paradas se tarda algo más. Si el tiempo acompaña y os lleváis la comida, podéis echar allí el día.
-Otras cosas que ver: Merece la pena darse un paseo por el pueblo. También podéis acercaros a los famosos Toros de Guisando que se encuentran a unos pocos kilómetros. A los que vengan de Madrid, por ejemplo, les pilla casi de paso.
-El tiempo en El Tiemblo: AQUÍ.
-Cómo llegar a El Tiemblo: AQUÍ.
-Para los que vais en bici, más información AQUÍ.




Muchos más planes para este otoño o el resto del año en (pincha en el foto):